Que saber sobre los abonos verdes de invierno

Un problema al que se enfrentan los productores es la degradación del suelo de sus parcelas, lo que podría ocasionar bajos rendimientos en sus cultivos según el manejo que realiza. Ante esta situación, una de las alternativas más recomendables es el uso de los abonos verdes para su recuperación, entre otras medidas correctivas. Conforme a la estación del clima en que estamos, les comentamos acerca de los abonos verdes de inviernos más conocidos que son la avena, nabo forrajero y el lupino, que se utilizan en las diferentes parcelas de productores con quienes el Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO) trabaja.

«La función principal de los abonos verdes es complementar la nutrición de los cultivos de la rotación, ya sea por la fijación de nitrógeno o por su eficacia en hacer disponibles nutrientes para los mismos que de otra manera serían inaccesibles o se perderían», nos explica el Ing. Agrop. Claudio Fleitas, experto en suelos y coordinador del Programa Agricultura Sustentable con Biotecnología del INBIO.

El Manual de prácticas integradas de manejo y conservación de suelos, publicado por La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en el 2000, señala que «se ha identificado como una de las principales causas de la degradación del suelo la aplicación de técnicas de preparación de tierras y de labranza inadecuadas. Este problema está conduciendo a un rápido deterioro físico, químico y biológico de una gran parte de los suelos, teniendo como consecuentes fuertes descensos en la productividad agrícola y deterioro del medio ambiente».

«Los procesos de degradación de tierras en varias regiones de América Latina y África tienen su origen en factores sociales, económicos y culturales, que se traducen en la sobreexplotación de los recursos naturales y en la aplicación de prácticas inadecuadas de manejo de suelos y aguas. La consecuencia de todo ello es la inhabilitación productiva de muchas tierras agrícolas que va en detrimento de la producción de alimentos para una población creciente en estos dos continentes»

Expresa la publicación de la FAO.

Abonos verdes

«La avena es una de las especies más sembradas junto con el nabo, esa combinación es una de las más utilizadas por productores en invierno por la facilidad en la producción de semillas y en la forma de plantación. La ventaja que tienen estas especies, por un lado, es que la avena cubre rápidamente el suelo y posee un sistema radicular fibroso que favorece a la agregación del suelo, su rastrojo en la superficie tarda en descomponerse; el nabo, por su parte, actúa como un subsolador natural que descompacta el suelo, la permanencia de su rastrojo es menor en tiempo comparado con la avena», detalla Claudio Fleitas.

«Otra de las características de la avena es que produce una gran cantidad de masa y puede usarse en sistema Agropastoril, es decir, como alternativa de forraje de invierno para el ganado. La combinación de la avena más nabo es muy buena como cultivo antecesor de la soja», agrega el técnico.

«El Lupino es otra especie de invierno, tiene la característica de fijar el nitrógeno del aire; según estudios, deja alrededor de ochenta kilogramos de nitrógeno por hectárea y es muy recomendable como antecesor de sorgo y, principalmente, maíz, cultivos que requieren mucho nitrógeno. Por otro lado está la arveja, que es una planta que tiene un crecimiento de tipo rastrero y su sistema radicular es pivotante y, aunque la cantidad de masa seca por hectárea no es muy considerable, tiene las propiedades de fijar nitrógeno atmosférico en el suelo, se combina bastante bien también como cultivo antecesor del maíz», concluyó el experto.

Experiencias en programas de INBIO

Recientemente, se recordó el caso de Trifón Ruíz Díaz, quien en su parcela obtenía un rendimiento de 800 kilos por hectárea de maíz y, luego, con un tratamiento de recuperación de suelo que llevó algunos años, hoy cosecha más de 7.000 kilos por hectáreas, resultados logrados mediante la asistencia técnica dentro del Programa de Agricultura Sustentable con Biotecnología.

Igualmente en la Escuela Agrícola de Caazapá, el responsable de Agricultura comentó que en el primer año de iniciar los trabajos dentro del Proyecto de Fortalecimiento a las Escuelas Agrícolas ya notaron la diferencia.

«Empezamos a trabajar como se debe y eso se vio en los rendimientos; por ejemplo, en el desarrollo de los abonos verdes, soja, maíz. Con la soja, la variedad Sojapar R75 se logró un rendimiento de 2.500 kg/ha y eso para nosotros es buenísimo, porque, según recuerdo, hace como cinco años sembramos soja en esa misma parcela y sacamos 800 kg/ha», dijo.



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